Iba un burrito azul por un camino claro
y se durmió a la sombra tenebrosa de un álamo.
El viento lo azotaba con su huasca celeste
y apretaba sus piernas de invisible jinete.
Y el burrito soñaba que estaba en Nazaret
con la Virgen María, y el Niño y San José.
Y el Niño lo ensillaba con montura de seda
y una rienda de luna y una rienda de estrella.
Y se iban remontando por caminos azules,
hasta que se encontraban más allá de una nube.
Y en la puerta del cielo se paraban al fin,
y San Pedro, ¡tan viejo!, corría para abrir.
Y el Niño lo metía por un prado celeste,
salpicando de yuyos, mariposas y mieles.
Y el burrito del cielo no quiso regresar.
Y en el camino nunca nadie lo pudo hallar.
Los gorriones en vano le preguntan al álamo:
él les indica el cielo con su índice en alto.
Oscar Castro

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