¨Esto es mi cuerpo¨, digo, y en el trigo
mi Dios enamorado se confía.
¨Este es mi Cáliz de la Sangre mía¨,
y llega Dios al Cáliz que bendigo.
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Es el amor tan pobre y tan amigo,
que se hace Navidad-Eucaristía.
Y otra vez, en temblor de noche fría,
indefenso y feliz, nace conmigo.
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Hogar de Navidad en cada Misa,
que llega mansamente en la precisa
llamada de mis labios sólo humanos.
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Ha de vivir, establo de ternura,
para acoger a Dios en la aventura
de nacer sin cesar entre mis manos.
Rafael Matesanz Martín
Misiones Salescianas
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