Dominica IV de Adviento: El Cristo Histórico
Lucas 3: 1-6
El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, tetrarca de Galilea Herodes, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítida, y Lisanio tetrarca de Abilene, baja el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, la Palabra del Señor se dirigió a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Juan recorrió toda la región del río Jordán predicando un bautismo de arrepentimiento para perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías:
Una voz grita en el desierto:
Preparen el camino del Señor,
enderecen sus senderos.
Todo barranco se rellenará,
montes y colinas se aplanarán,
lo torcido se enderezará
y lo disparejo será nivelado
y todo mortal
verá la salvación de Dios.
Reflexión:
Hace cosa de cincuenta años estaba en pleno desarrollo un movimiento doctrinal conocido como el hombre de ¨Modernismo¨. Formado casi exclusivamente por personal eclesiástico, abarcaba a hombres de varias naciones: Loisy en Francia, Tyrell en Inglaterra, Minocchi y Bonaiuti en Italia, donde, sin embargo, el movimiento fue más dado a conocer al público por Fogazzaro, especialmente con sus dos novelas El Santo y Leila.
Uno de los puntos fundamentales de aquel movimiento herético, extinguido bajo la condena de San Pio X, era que el Cristo de la historia no corresponde al Cristo de la fe, frase que quiere decir: Si nos atenemos únicamente a los documentos históricos, resulta que Cristo fué, en efecto, el Enviado de Dios, venido para traer una doctrina más pura, una ley compendiada por el amor, y a fundar un Reino espiritual; pero fué sólo el entusiasmo de los Apóstoles, y especialmente de San Juan y San Pablo, el que lo nimbó con la aureola de la Divinidad. Después, los siglos sucesivos no hicieron sino aceptar y consolidar aquella fe.
El fragmento de hoy aporta, en estilo lapidario, noticias históricas del año en que San Juan Bautista inicia su predicación, año que coincide con la iniciación de la vida pública de Jesús.
Aporta los nombres del Emperador de Roma y de su procurador en Judea, Poncio Pilato, así como los de los tres príncipes que gobernaban las otras provincias de Palestina, y de los jerarcas religiosos, los Sumos Pontífices Anás y Caifás.
La historia y la arqueología han confirmado plenamente los nombres y fechas contenidos en esta página, lo cual demuestra que los autores del Evangelio son dignos de fe.
Ahora bien, es cabalmente en el Evangelio donde leemos el relato de los milagros de Jesús y sus afirmaciones. Del Evangelio resulta el hecho de Resurrección, la máxima prueba de su Divinidad. Es el Evangelio el que transmite las enseñanzas de Jesús sobre todos los puntos esenciales de su doctrina y de su ley.
Por lo tanto, el Cristo histórico es el mismo Cristo de la fe, pues que la fe en su divinidad descansa en el valor histórico del Evangelio. Ningún libro ha sido objeto de tan furibundo ataques contra su autenticidad como el pequeño libro del Evangelio. Pero su historicidad surge cada vez más segura.
Ante esta última confirmación, ¡qué valor y qué esplendor adquiere el mensaje de Juan: ¨Enderezad el camino del Señor, para ir a su encuentro!
En él se encierra el sentido y el imperativo de la Navidad.
Sólo a condición de enderezar nuestra conducta reamoldándola a la ley de Jesús, recibiremos el don de su salvación y de su paz.
Sólo entonces ¨toda criatura verá la salvación en Dios.¨
Quien voluntariamente ignora, está en las tinieblas.
Quien obstinadamente niega, se niega a sí mismo la luz y la vida.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario