Con María reflexiono sobre tu Palabra,
oh Señor, y tiemblo más de asombro
que de miedo ante el saludo
del Santo Gabriel.
¿Quién soy yo que el Señor,
nuestro Dios, se digna de venir a mí
en Espíritu y verdad?
Dios te salve, pues,
Virgen Bendita de Nazaret,
cuyo ¨Si¨ no solo te transformó
a ti sino a la humanidad entera,
a toda la Tierra,
y hasta al universo en Tabernáculo vivo
de la Palabra Encarnada de Dios.
Amén
Padre Joseph Veneroso, M.M.
Padres y Hermanos Maryknoll

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