jueves, 30 de noviembre de 2023

A la Inmaculada Concepción

 



Oh Dios, que por la Inmaculada Virgen, 
preparasteis digna morada a vuestro Hijo;
os suplicamos que, así como a ella la preservasteis 
de toda mancha en previsión de la muerte del mismo Hijo,
nos concedáis también que, por medio de su intercesión,
lleguemos a vuestra presencia puros de todo pecado.
Por el mismo Jesucristo nuestro señor.
Amén.
---
Bendita sea la Santa e Inmaculada Concepción
de la gloriosa Virgen María, Madre de Dios.

Avemaría.

Indulgencia de 300 días. Plenaria al mes. Núm 356.

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Oh María, que entrasteis en el mundo sin mancha de culpa,
obtenedme de Dios que pueda yo salir de él sin pecado.

Avemaría.

Indulgencia de 300 días.  Núm 355.

---
Oh, Virgen María, que nunca estuvisteis afeada con la mancha
del pecado original, ni de ningún pecado actual, os encomiendo
y confío la pureza de mi corazón. 

Avemaría.

Indulgencia de 300 días.  Núm 354.

---
Por vuestra Inmaculada Concepción, oh María, 
haced puro mi cuerpo y santa el alma mía.

Avemaría.

Indulgencia de 300 días.  Núm 358

Oh María, concebida sin pecado, rogad por nosotros,
que recurrimos a vos.

Avemaría.

Indulgencia de 300 días. Plenaria al mes. Núm 357.

Virgen María Rosa Mística y Esposa Inmaculada

 



Oh Guía Victoriosa, 
nosotros, tus servidores, 
liberados de nuestros enemigos,
 te cantamos nuestras acciones de gracias. 
 Tú que posees el poder invencible,
 líbranos de todos los males, 
a nosotros te decimos: 
Ave, Esposa Inmaculada
Oh Madre de Dios y Virgen, 
Tu eres el muro de protección de las vírgenes
y de todos los que han recurrido a Ti, 
pues el Creador del cielo y de la tierra
lo ha hecho así, oh Purísima,
 al entrar en tu seno y
 al enseñarnos a todos a invocarte.

LETANÍAS A LA ESPOSA INMACULA 


  1. Ave, resplandor de alegría.
  2. Ave, destructora de la maldición.
  3. Ave, relevo de Adán caído.
  4. Ave, Tú has enjugado las lágrimas de Eva.
  5. Ave, cumbre inaccesible al pensamiento humano.
  6. Ave, abismo impenetrable incluso a los ojos de  los ángeles.
  7. Ave, trono del Rey celestial.
  8. Ave, portadora del que lleva todo.
  9. Ave, estrella que anuncia el sol.
  10. Ave, seno de la encarnación divina.
  11. Ave, renovadora de toda creatura.
  12. Ave, Tu en quién adoramos al Creador.
  13. Ave, Esposa Inmaculada
  14. Ave, misterio de la indecible Sabiduría,
  15. Ave, fe de los que solicitan el silencio.
  16. Ave, principio de los milagros de Cristo.
  17. Ave, dueña de sus mandamientos.
  18. Ave, escala celeste por la que Dios ha descendido.
  19. Ave, puente que conduce hacia el cielo a aquellos que están sobre la tierra.
  20. Ave, milagro proclamado por los ángeles.
  21. Ave, herida gimiente de los demonios.
  22. Ave, Tú que has generado la Luz indecible.
  23. Ave, maestra que rebasa toda enseñanza.
  24. Ave, cima que sobrepasa la razón de los más sabios.
  25. Ave, Tú que iluminas el espíritu de los creyentes.
  26. Ave, Esposa Inmaculada
  27. Ave, Madre del Cordero y del Pastor.
  28. Ave, tormenta de los enemigos invisibles.
  29. Ave, accesos a las puertas del paraíso.
  30. Ave, Tú por quién los cielos se regocijan con la tierra.
  31. Ave, Tú por quién la tierra se alegra con los cielos.
  32. Ave, boca nunca silenciosa de los Apóstoles.
  33. Ave, firmeza invencible de los Confesores.
  34. Ave, afirmación inquebrantable de la Fe.
  35. Ave, ciencia radiante de gracia.
  36. Ave, Tú por quién se despoja el infierno.
  37. Ave, Tú por quien nos revestimos de gloria.
  38. Ave, Esposa Inmaculada
  39. Ave, rama de la Vid incorruptible.
  40. Ave, cosecha del fruto inmortal.
  41. Ave, autora del Bienhechor de los hombres.
  42. Ave, Tú que has generado al Sembrador de nuestra vida.
  43. Ave, campo que produce la abundancia de beneficios.
  44. Ave, festín que ofrece la plenitud de pureza.
  45. Ave, florecimiento del paraíso que nos alimenta.
  46. Ave, Tú que has ordenado el refugio de nuestras almas.
  47. Ave, incensario agradable de oraciones.
  48. Ave, purificación del universo.
  49. Ave, benevolencia de Dios para con los mortales.
  50. Ave, audacia de los mortales ante Dios.
  51. Ave, Esposa Inmaculada
  52. Ave, Madre de la Estrella sin crepúsculo.
  53. Ave, aurora del día misterioso.
  54. Ave, Tú que apagas la hoguera de seducción.
  55. Ave, Tú que iluminas el misterio de la Trinidad.
  56. Ave, Tú que destruye el dominio de lo inhumano atormentador.
  57. Ave, custodia de Cristo Señor, amigo de los hombres.
  58. Ave, Tú que nos libra de la servidumbre de los bárbaros.
  59. Ave, Tú que nos libera de las obras de las tinieblas.
  60. Ave, Tú que extingues la adoración del fuego.
  61. Ave, Tú que calmas el fuego de las pasiones.
  62. Ave, maestra de castidad de los fieles.
  63. Ave, alegría de todas las generaciones humanas.
  64. Ave, Esposa Inmaculada
  65. Ave, Tú que has reparado la Humanidad.
  66. Ave, Tú que has destruido a los demonios.
  67. Ave, Tú que quebrantas el poder seductor.
  68. Ave, Tú que has roto el engaño de los idolos.
  69. Ave, columna de fuego que guía en las tinieblas.
  70. Ave, protección del mundo más grande que el firmamento.
  71. Ave, alimento y reserva del maná celestial.
  72. Ave, ofrenda de alegría santa.
  73. Ave, tierra prometida
  74. Ave, Esposa Inmaculada
  75. Ave, flor de incorrupción.
  76. Ave, corona de castidad.
  77. Ave, resplandor de la resurrección.
  78. Ave, imagen de la vida de los ángeles.
  79. Ave, árbol de frutos de luz que alimentan a los fieles.
  80. Ave, árbol de follaje bondadoso en donde muchos se abrigan.
  81. Ave, Tú cuyas entrañas han llevado al liberador de los cautivos.
  82. Ave, Tú que has generado al Guía de los extraviados.
  83. Ave, Tú que obtienes misericordia del Juez de equidad.
  84. Ave, remisión de muchos pecados.
  85. Ave, vestidura de fortaleza para aquellos que estaban desnudos.
  86. Ave, Amor vencedor de todos los deseos.
  87. Ave, Esposa Inmaculada
  88. Ave, tabernáculo del Dios inconmensurable.
  89. Ave, puerta del misterio sagrado.
  90. Ave, confusión de los infieles.
  91. Ave, gloria reconocida por los fieles.
  92. Ave, trono sagrado del que se asienta sobre los Querubines.
  93. Ave, casa gloriosa del que se asienta sobre los Serafines.
  94. Ave, Tú que unes lo que estaba opuesto.
  95. Ave, Tú que unes la virginidad y la maternidad.
  96. Ave, Tú que abres el paraíso.
  97. Ave, llave del Reino de Cristo.
  98. Ave, esperanza de los bienes eternos.
  99. Ave, Esposa Inmaculada
  100. Ave, tabernáculo de la Sabiduría de Dios.
  101. Ave, tesoro de la providencia.
  102. Ave, Tú que haces aparecer insensatos a los sabios.
  103. Ave, Tu que convences de la falta de sentido que tiene la astucia de las palabras.
  104. Ave, porque los que buscan el mal son confundidos.
  105. Ave, porque los idólatras han muerto.
  106. Ave, Tú que has llenado las redes de los pescadores.
  107. Ave, Tú que nos aparta de los abismos de la ignorancia.
  108. Ave, Tú que iluminas tantas inteligencias.
  109. Ave, navío de los que quieren salvarse.
  110. Ave, ensenada de las navegaciones de la vida.
  111. Ave, Esposa Inmaculada
  112. Ave, columna de virginidad.
  113. Ave, puerta de salvación.
  114. Ave, maestra de adelanto espiritual.
  115. Ave, dispensadora de la gracia divina.
  116. Ave, Tú has renovado a los que estaban concebidos en vergüenza.
  117. Ave, porque Tú has instruido aquellos cuyo espíritu se había perdido.
  118. Ave, Tú que alejas al corruptor de los pensamientos.
  119. Ave, Tú que has dado a luz al Sembrador de la pureza.
  120. Ave, unión de los fieles al Señor.
  121. Ave, Tú que atavías a las almas santas con su vestido nupcial.
  122. Ave, Esposa Inmaculada
  123. Ave, rayo de sol espiritual.
  124. Ave, astro de luz que no se pone.
  125. Ave, relámpago que ilumina a las almas.
  126. Ave, centella que aterroriza a los enemigos.
  127. Ave, Tú que haces brillar a las luces radiantes.
  128. Ave, Tú que haces correr los ríos abundantes.
  129. Ave, imagen viva del agua del bautismo.
  130. Ave, Tú que lavas las manchas del pecado.
  131. Ave, Tú que limpias nuestras conciencias.
  132. Ave, Vaso que extrae la alegría.
  133. Ave, olor de los perfumes de Cristo.
  134. Ave, vida de alegría misteriosa.
  135. Ave, Esposa Inmaculada
  136. Ave, Morada del Dios Verbo.
  137. Ave, Santa más santa que los santos.
  138. Ave, arca dorada por el Espíritu.
  139. Ave, tesoro de vida inagotable.
  140. Ave, corona gloriosa de los reyes piadosos.
  141. Ave, alabanza gloriosa de los sacerdotes devotos.
  142. Ave, columna inquebrantable de la iglesia.
  143. Ave, Tú que das la victoria.
  144. Ave, Tú que dispersa a los enemigos.
  145. Ave, curación de mi cuerpo.
  146. Ave, salvación de mi alma.
  147. Ave, Esposa Inmaculada
Oh Madre de Dios, cantamos tu maternidad, 
te glorificamos como un templo vivo.
En efecto, en tu seno mora El que contiene todo en su mano.
Santifícanos, ilumínanos, enseñanos a clamar hacia Ti.
Los oradores más ilustres son mudos como los peces para hablar de Ti,
Oh Madre de Dios, pues no pueden explicar cómo, 
conservando tu virginidad has podido dar a luz.  
Y nosotros admirando con asombro este misterio, 
te cantamos con fe.

AVE, ESPOSA INMACULADA



















Los Reyes de Orientes (De tierras lejanas, villancico de Puerto Rico)


 

Desde Tierras Lejanas


 

Postcard

 


Esplendida Navidad


 

Caminando las nubes


 

Himno de San José


 

Plegarias

 


Glorioso San José, esposo de María, concédenos tu protección paternal, 

te lo suplicamos por el Corazón de Jesucristo.

Tú, cuya potencia infinita se extiende sobre todas nuestras

necesidades y que sabes hacernos posibles las cosas más imposibles,

abre tus ojos de padre y mira los intereses de tus hijos.

En la dificultad y en la pena que nos presiona,

nosotros recurrimos a ti con confianza, 

dígnate tomar bajo tu caritativa vigilancia este asunto 

importante y difícil, causa a nuestras inquietudes.

Haz que su éxito sea para la Gloria de Dios

y el bien de sus devotos servidores.

Amén.

Plegarias de San Francisco de Sales

San José, Padre Adoptivo y Fiel al Divino Niño

 

Se puede rezar esta Novena como preparación 
para la fiesta de San José (19 de marzo y el 1 de mayo).
  Pero también se puede hacer en temporada de Adviento o en Navidad.
Se puede hacer como una Novena Perpetua.




San José, padre adoptivo tan fiel del Divino Niño,
esposo virginal de la Madre de Dios,
protector poderoso de la Santa Iglesia,
nosotros venimos a ti para encomendarnos 
a tu protección especial.
---
Tu no buscaste nada de este mundo,
sino la Gloria de Dios y el bien del prójimo.
Todo entregado al Salvador,
tu dicha era orar, trabajar y sacrificarte,
sufrir, morir,  y sin embargo eras conocido por Jesús.
Sus miradas descansaban con complacencia
en tu vida sencilla y oculta en El.
---
San José, tú ya ayudaste a tantos hombres.
Venimos a ti con gran confianza.
Tú vez en la Luz de Dios lo que nos falta,
conoces nuestras preocupaciones,
nuestras dificultades, nuestras penas.
Nosotros encomendamos a tu cuidado paternal 
este asunto especial...
Lo colocamos en tus manos que salvaron al Niño Jesús.
---
Pero antes de nada, imploramos para nosotros la Gracia
de nunca separarnos de Jesús por el pecado mortal, 
de conocerlo  y amarlo cada vez más,
así como a su Santa Madre; 
de vivir siempre en la Presencia de Dios,
de hacerlo todo para su Gloria
y el bien de las almas, y llegar un día 
a la visión bienaventurada de Dios
para alabarlo eternamente contigo.
Amén.






Saludo a San José




 Te saludo, José, tú quien la Gracia Divina ha colmado,

tú en cuyos brazos el Salvador descansó,

 y bajo cuyos ojos creció. 

Tú estás bendito entre todos los hombres y Jesús, 

el Niño Divino de tu virginal Esposa, está bendito.

San José, dado como padre al Hijo de Dios,

ruega por nosotros en nuestras preocupaciones familiares,

de salud y de trabajo, hasta nuestros últimos días,

y dígnate socorrernos en la hora de nuestra muerte.

Amén

Letanías 

Te saludo José, imagen de Dios Padre.

Te saludo José, padre de Dios Hijo.

Te saludo José, santuario del Espíritu Santo.

Te saludo José, predilecto de la Santísima Trinidad.

Te saludo José, coaditor fidelísimo del buen consejo

Te saludo José, dignísimo esposo de la Virgen María.

Te saludo José, padre de todos los fieles.

Te saludo José, guardián de todos los que han elegido la santa virginidad.

Te saludo José, fiel observador del silencio sagrado.

Te saludo José, amante de la santa pobreza.

Te saludo José, modelo de dulzura y paciencia.

Te saludo José, espejo de humildad y obediencia.

Eres el bendito de todos los hombres.

Y bendito sean tus ojos que han visto lo que viste.

Y bendito sean tus oídos que han escuchado lo que escuchaste.

Y bendito sean tus manos que han tocado al Verbo hecho Carne.

Y bendito sean tus brazos que han llevado a Aquel que lleva todas las cosas.

Y bendito sea tu pecho sobre el cual el Hijo de Dios descansó dulcemente.

Y bendito sea tu corazón encendido por El con el más ardiente amor.

Y bendito sea el Padre Eterno que te eligió.

Y bendito sea el Hijo  que te amó. 

Y bendito sea el Espíritu Santo que te santificó.

Y bendito sea María, tu Esposa, que te ha amado como a un esposo y a un hermano.

Y bendito el Ángel que te sirvió de guardián.

Y benditos sean para siempre todos aquellos que te aman y te bendicen.

Amén.



miércoles, 29 de noviembre de 2023

Flor Campana Azul


 

Copos de Nieve


 

Campana


 

Dios nace en cada Misa


 

¨Esto es mi cuerpo¨, digo, y en el trigo

mi Dios enamorado se confía.

¨Este es mi Cáliz de la Sangre mía¨, 

y llega Dios al Cáliz que bendigo.

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Es el amor tan pobre y tan amigo,

que se hace Navidad-Eucaristía.

Y otra vez, en temblor de noche fría,

indefenso y feliz, nace conmigo.

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Hogar de Navidad en cada Misa,

que llega mansamente en la precisa

llamada de mis labios sólo humanos.

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Ha de vivir, establo de ternura, 

para acoger a Dios en la aventura

de nacer sin cesar entre mis manos.


Rafael Matesanz Martín

Misiones Salescianas

Ave María

 



Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres, 
y bendito es el fruto de vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, los pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

lunes, 27 de noviembre de 2023

Bolitas de Navidad






 

COPOS DE NIEVES


 

Flores de Pascua Gigantes


 

Somewhere in my memory


 

Dominica IV de Adviento: El Cristo Histórico

 Dominica IV de Adviento: El Cristo Histórico



Lucas 3: 1-6

    El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, tetrarca de Galilea Herodes, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítida, y Lisanio tetrarca de Abilene, baja el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, la Palabra del Señor se dirigió a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

    Juan recorrió toda la región del río Jordán predicando un bautismo de arrepentimiento para perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías:

Una voz grita en el desierto:
Preparen el camino del Señor,
enderecen sus senderos.
Todo barranco se rellenará, 
montes y colinas se aplanarán,
lo torcido se enderezará
y lo disparejo será nivelado
y todo mortal
verá la salvación de Dios.



Reflexión:

    Hace cosa de cincuenta años estaba en pleno desarrollo un movimiento doctrinal conocido como el hombre de ¨Modernismo¨.  Formado casi exclusivamente por personal eclesiástico, abarcaba a hombres de varias naciones: Loisy en Francia, Tyrell en Inglaterra, Minocchi y Bonaiuti en Italia, donde, sin embargo, el movimiento fue más dado a conocer al público por Fogazzaro, especialmente con sus dos novelas El Santo y Leila.

    Uno de los puntos fundamentales de aquel movimiento herético, extinguido bajo la condena de San Pio X, era que el Cristo de la historia no corresponde al Cristo de la fe, frase que quiere decir: Si nos atenemos únicamente a los documentos históricos, resulta que Cristo fué, en efecto, el Enviado de Dios, venido para traer una doctrina más pura, una ley compendiada por el amor, y a fundar un Reino espiritual; pero fué sólo el entusiasmo de los Apóstoles, y especialmente de San Juan y San Pablo, el que lo nimbó con la aureola de la Divinidad.  Después, los siglos sucesivos no hicieron sino aceptar y consolidar aquella fe.

    El fragmento de hoy aporta, en estilo lapidario, noticias históricas del año en que San Juan Bautista inicia su predicación, año que coincide con la iniciación de la vida pública de Jesús.

    Aporta los nombres del Emperador de Roma y de su procurador en Judea, Poncio Pilato, así como los de los tres príncipes que gobernaban las otras provincias de Palestina, y de los jerarcas religiosos, los Sumos Pontífices Anás y Caifás.

    La historia y la arqueología han confirmado plenamente los nombres y fechas contenidos en esta página, lo cual demuestra que los autores del Evangelio son dignos de fe.

    Ahora bien, es cabalmente en el Evangelio donde leemos el relato de los milagros de Jesús y sus afirmaciones.  Del Evangelio resulta el hecho de Resurrección, la máxima prueba de su Divinidad.  Es el Evangelio el que transmite las enseñanzas de Jesús sobre todos los puntos esenciales de su doctrina y de su ley.

    Por lo tanto, el Cristo histórico es el mismo Cristo de la fe, pues que la fe en su divinidad descansa en el valor histórico del Evangelio.  Ningún libro ha sido objeto de tan furibundo ataques contra su autenticidad como el pequeño libro del Evangelio.  Pero su historicidad surge cada vez más segura.

    Ante esta última confirmación, ¡qué valor y qué esplendor adquiere el mensaje de Juan: ¨Enderezad el camino del Señor, para ir a su encuentro!

    En él se encierra el sentido y el imperativo de la Navidad.

    Sólo a condición de enderezar nuestra conducta reamoldándola a la ley de Jesús, recibiremos el don de su salvación y de su paz.

    Sólo entonces ¨toda criatura verá la salvación en Dios.¨

    Quien voluntariamente ignora, está en las tinieblas.

    Quien obstinadamente niega, se niega a sí mismo la luz y la vida.

Dominica III de Adviento: El testimonio del último profeta

 Dominica III de Adviento: El testimonio del último profeta



Juan 1: 19-28

   Éste es el testimonio de Juan, cuando los judíos (le) enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle quién era.  El confesó y no negó; confesó que no era el Mesías.

    Le preguntaron:

    --Entonces, ¿Eres Elías?

    Respondió:

    --No lo soy.

    ¿Eres el profeta?

    Respondió:

    --No.

    Le dijeron:

    --¿Quién eres? Tenemos que llevar una respuesta a quienes nos enviaron; ¿qué dices de ti?

    Respondió:

    --Yo soy la voz del que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor. según dice el profeta Isaías.

    Algunos de los enviados eran fariseos y volvieron a preguntarle:

    --Si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta ¿por qué bautizas?

    Juan les respondió:

    --Yo bautizo con agua.  Entre ustedes hay alguien a quien no conocen, que viene detrás de mí; y (yo) no soy digno de soltarle la correa de su sandalia.

Esto sucedía en Betania, junto al Jordán, donde Juan Bautizaba.

Lectura explicada:

    Los Profetas de Israel, esparcidos a lo largo de las cadenas de los siglos, anunciaron al Mesías. trazando todos los pormenores de su vida.

    Pero cabe preguntarse: ¿Era el pueblo consciente de este fenómeno?  El pueblo, en tiempo de Jesús, ¿creía realmente en la venida del Mesías? ¿Estaba a la espera de aquel Enviado de Dios?

    Si la respuesta es afirmartiva, resultado demostrado que el fenómeno de las Profecías no era sólo fruto de especulación o privilegio de los doctos, sino que había entrado en las venas vivas del pueblo.

    El fragmento evangélico de hoy da una respuesta terminante y postiva a la pregunta.

    Los que envían la embajada a Juan son los judíos, es decir, la comunidad del pueblo. Los embajadores son gente calificada.  Sacerdotes y levitas, doctos en las Escrituras.  Las preguntas que formulan a Juan apuntan directamente al tema del Mesías.

¿Tú  ¿quién eres?

Es tan claro el sentido de la pregunta, que Juan responde en seguida: --Yo no soy el Cristo.

Entonces, insisten, sin moverse del tema:

--¿Eres Elías?

El Profeta Malaquías (4: 6) había dicho: ¨Yo os enviaré al profeta Elías antes que llegue el gran día del Señor¨

Responde Juan:--¡No, yo no soy Elías!

--¿Eres el Profeta?

Moíses había dicho: ¨Dios os mandará un Profeta como yo.  ¡ Escuchadlo! ¨ (Deut. 18: 15-18).  Estas palabras siempre habían sido interpretadas como referentes al Mesías o, al menos, a un gran Profeta.

Juan contesta: --¡No!

--Pues ¿ quién eres tú--le dicen airados--, para que podamos responder a los que nos han enviado?

Pretenden una cumplida aclaración, y Juan la da, diciendo: 

¨Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor,

según dijo el profeta Isaías.


    Con esto declara que él no es sólo un cantor en el coro de los Profetas, sino que su propia misión es un eslabón de la cadena de los Profecías.

    Dicho esto, para explicar su situación para a dar testimonio del Mesías, diciendo: ¨En medio de vosotros está uno a quien no conocéis.  Él es el que ha venir después de mí, que es antes que yo, y a quien yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalia.¨

    Con estas palabras, tan claras y sencillas, no solamente señala Juan al Mesías como ya presente, sino que confiesa su superioridad inmensa; superioridad tan grande, que se identifica con la Divinidad.

    ¿Cabe apetecer algo más concreto y decisivo?

    ¿Y vamos a seguir entreteniéndonos con preguntas sin fin, con sutilezas llenas de bizantinismo, como sofismas que no tienen otro objeto que esconder la verdad?

    A lo largo de los siglos, mezclado a la inmensa caravana de los pueblo, Jesús sigue caminando hacia el río, llamando al bautismo de penitencia y a la luz de la verdad liberadora;  ¿seguiremos nosotros revolcándonos en el fango?

    Él es saludado por Juan como ¨el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo¨, ¿y seguiremos nosotros encerrándonos en las guaridas del pecado, dejándonos apresar por sus solicitudes?  Él está cada vez más presente y esplendoroso en la historia, ¿ y nosotros vamos a seguir ignorándolo?

    ¡ Ah! ¡ No hagáis que la voz del ministro de Dios clame también hoy en el desierto!










Dominica II de Adviento: El testimonio de las profecías

 Dominica II de Adviento: El testimonio de las profecías


Mateo 11: 2-10

    Juan oyó en la cárcel de la actividad del Mesías y le envió este mensaje por medio de sus discípulos: ¿Eres tú el que había de venir o tenemos que esperar a otro?

Jesús respondió: 

-Vayan a contar a Juan lo que ustedes ven y oyen: los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben la Buena Noticia; y, ¡ feliz el que no tropieza por mi causa!

Cuando se fueron, se puso Jesús a hablar de Juan a la multitud:

-¿Qué salieron a contemplar en el desierto?  ¿Una caña sacudida por el viento?  ¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre elegantemente vestido? Miren, los que visten elegantemente habitan en los palacios reales.  Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? Les digo, que sí, y más que profeta.

    A éste se refiere lo que está escrito:

Mira, yo envío por delante mi mensajero para que te prepare el camino.


Explicación de la lectura

    Si el domingo pasado oímos a Jesús proclamarse Juez y Dominador del Mundo, hoy nos hallamos frente a las pruebas que confirman luminosamente su afirmación, demostrando su naturaleza de verdadero Hijo de Dios.

    He aquí de una de ellas: Juan Bautista, desde la cárcel, envía a dos de sus discípulos a Jesús, para preguntarle:

¿Eres tú El que ha de venir, o esperaremos a otros?

¿Que lenguaje es este?

    Para comprenderlo plenamente es necesaria una breve explicación.  Habéis de saber que la historia del pueblo hebreo se centra toda en un Mesías que ha de venir a libertarlo y a fundar el Reino de Dios.

Todo gravita en torno a Él.  Toda esperanza descansa en Él.

    ¡Pequeño y extraño pueblo, ese pueblo hebreo, casi siempre en esclavitud y destierro, destrozado por guerras y banderías, presa y botín de imperios que lo desgarran, reducido a la servidumbre! Y, sim embargo, único en la historia, porque lleva consigo un mensaje formidable.

    El anuncio de un Libertador, que Dios hizo a los progenitores, pasa a las venas de los Patriarcas, padres del pueblo judío, ya que la sangre de este pueblo habrá de venir el Missus, el Enviado de Dios, el Mesías.

    A lo largo de la cadena de los siglos que preceden a su venida, hombres venerados, llamados Profetas, distanciados entre sí en el tiempo, lugar, cultura y condición social, escrutan el porvenir e, iluminados por el Espíritu de Dios, lo ven y anuncian.

    Cual si fuesen grandes pintores, se paran frente al inmenso lienzo tendido ante sus ojos; tarazan unas rápidas pinceladas y pasan.

    Mas al término de la larga espera, el cuadro pintado por esos autores que no se conocen aparece acabado y completo.

    La tribu y la familia de que habrá de salir el Mesías; el tiempo, el lugar y el modo milagroso de su nacimiento, la infancia, la vida pública, el drama de su Pasión, hasta en los mínimos pormenores; su triunfo, todo lo referente a Él está anunciado.  Todo está escrito, de tal manera que, cuando venga Él, podrá decir a sus enemigos, que se obstinan a resistirles: 

¨ ¡ Escrutad las Escrituras!  ¡ Ellas hablan de mí!¨

Tal fenómeno es único en la historia.  Con él, Dios señala de antemano a su Enviado.

Entre tantas profecías Jesús recuerda una, que es de Isaías.  Este Profeta había dicho con respecto al Mesías: 

¨Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos se abrirán.  Entonces saltarán los cojos como un ciervo y la lengua de los mudos cantará gozosa¨ (Is 35, 5-6).

Jesús cumple esta profecías ante los ojos de los discípulos enviados por Juan, y les dice luego: 

¨Id y referid a Juan lo que habéis visto. ¨

Con tal respuesta, no solamente se vale Jesús de la prueba de las profecías, sino que la confirma con la prueba de los milagros.  Por lo tanto, cuando afirme ser Hijo de Dios tendrá todo el derecho de ser creído.  Sólo dirigiéndonos a Él, para vivir con Él, hallaremos salvación, libertad y vida.







Dominica primera de Adviento: Jesús Dominador de los Siglos

 Dominica primera de Adviento: Jesús Dominador de los siglos





Lucas 21: 25-33

    Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas.  En la tierra se angustiarán los pueblos, desconcertados por el estruendo del mar y del oleaje. Los hombres desfallecerán de miedo, aguardando lo que le va a suceder al mundo; porque hasta las fuerzas del universo se tambalearán.

    Entonces verán al Hijo del Hombre que llega en una nube con gran poder y gloria.  Cuando comience a suceder todo eso, enderécense y levanten la cabeza, por que ha llegado el día de su liberación.

    Y les añadió la parábola:

--Observen la higuera y los demás árboles: cuando echan sus brotes, se dan cuenta de que el verano está cerca.  Igual ustedes, cuando vean que sucede eso, sepan que se acerca el reino de Dios.  Les aseguró que no pasará esta generación antes de que suceda todo eso.  Cielo y tierra pararán, mas mis palabras no pasarán.

Explicación de la lectura bíblica.

    Se presenta a un Jesús al horizonte de la historia y a la atención de todas y cada una de las almas.  

    Esté en víspera de su derrota.  Los enemigos, urdiendo su trama de asechanzas, han conseguido, por fin, tenerlo en sus manos.  Ya se alza la Cruz para el suplicio infamante.

    Él lo sabe y lo anuncia.  Y sin embargo, a través de las palabras del Evangelio, se presenta al centro de los siglos como Dominador de los acontecimientos, como Juez de los hombres.

    En efecto, El habla del fin de todas las cosas, y su predicación queda demostrada diariamente por cada hoja que se desprende de la rama, por cada gota que cae, por cada fortuna que se derrumba, por cada gloria que esfuma, por cada criatura que muere.

    En medio de tanta ruina, Él solo emerge y subsiste.  Surge, y está ahí para juzgar a todos, inapelablemente y con sentencia eterna.  No es un derrotado quien sobrevive a la ruina de todo.

    No es un vencido quien surge para juzgar al ejército exterminado de los vivos y los muertos.  

    El anuncio de la ruina de Jerusalén, confirmado en sus menores detalles, ofrece la prueba y la garantía de su Divinidad.

    Debe, pues, inducirnos y estimularnos a ponernos bien con Él, puesto que su juicio está ya actuando para cada criatura que muere, y hoy mismo podríamos encontrarnos frente al trono de su juicio.

    Nos dice Jesús: ¨Muéstrate conciliador con tu adversario mientras vas con él por el camino, no sea que te entregue al juez y te encarcele... (Mat. 5: 25); ¡Terrible cosa es caer en manos del Dios vivo!  (Hebreo 10: 31).

    Un crítico de arte, después de haber contemplado durante largo rato la estatua de Moisés, salió pronunciando estas palabras: ¨¡Suerte que está sentado! ¿Qué habría dicho el Juez de la Capilla Sixtina en actitud de fulminar los rayos de la maldición eterna?

    Y qué sensación experimentarían los 80,000 peregrinos de Fátima, el 13 de octubre de 1917, cuando vieron la masa incandescente del sol como desprendiéndose del firmamento para desplomarse y reducirlos a ceniza?

    ¿Qué será, pues, la realidad?

    El que quiera vivir como hombre y como cristiano no puede, por tanto, sustraerse a la realidad de Jesús, Hijo de Dios.

    Debe poner la luz de la palabra de Jesús en lo alto de la senda de su vida, si quiere que el camino sea seguro, a cubierto de peligro y libre de temores.

    Debe situar a Jesús en el centro de su conciencia, para ajustar todas sus acciones a la ley y para modelar aquélla según su ejemplo.

    Recordemos lo que dice el Señor: ¨El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.¨






lunes, 20 de noviembre de 2023

Anunciación

 




Con María reflexiono sobre tu Palabra,

oh Señor, y tiemblo más de asombro

que de miedo ante el saludo 

del Santo Gabriel.

¿Quién soy yo que el Señor,

nuestro Dios, se digna de venir a mí

en Espíritu y verdad?

Dios te salve, pues,

Virgen Bendita de Nazaret,

cuyo ¨Si¨ no solo te transformó

a ti sino a la humanidad entera,

a toda la Tierra,

y hasta al universo en Tabernáculo vivo

de la Palabra Encarnada de Dios.

Amén


Padre Joseph Veneroso, M.M.

Padres y Hermanos Maryknoll



Coquito




 

Ingredientes:

Ž      2 tazas de leche de coco.

Ž      1 taza de azúcar.

Ž      1 ½ taza de ron blanco.

Ž      3 tazas de leche

Ž      4 yemas de huevos.

 

 

Procedimiento:

1.       Bata las yemas hasta que cambie de color.

2.     Añada azúcar poco a poco, batiendo bien.

3.      Agregue los otros ingredientes y mezcle bien.

4.     Vacié en botella de cristal y refrigeré.

5.     Sirva solo y espolvoreé con un poco de canela en polvo al momento de tomarlo.

Técnicas para hacer borreguitos u ovejitas para decorar tu árbol de Navidad:

Materiales básicos: Algodón: Para simular la lana de las ovejas. Cartón: Para la estructura del cuerpo y la cabeza. Pegamento: Silicon...